Y tú, ¿sigues siendo un adolescente?
Nuria Illescas Laguna
La adolescencia es el período de la vida comprendido entre la pubertad (época que coincide con la primera parte de la adolescencia en la que se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y se consigue la madurez reproductiva) y la adquisición de comportamientos y roles adultos. Mientras que la pubertad es una época definida por cambios fisiológicos, la adolescencia es una etapa que no solo engloba dichos cambios fisiológicos sino que aglutina cambios psicológicos y madurativos. Además, la adolescencia es un producto social: en otras épocas y sociedades no existía la adolescencia, aunque sí la pubertad. Por lo tanto, su duración está influenciada por el medio social y no existen unos límites claros. De hecho, durante las últimas décadas, el período de la adolescencia se ha alargado debido al retraso en la edad de emancipación a causa del paro, estudios superiores, etc. y se considera adolescentes a personas con mayoría de edad legal. También se ha observado un anticipo de los cambios fisiológicos propios de la pubertad, en especial, en las niñas (hay un adelanto importante en la edad media de la menarquía, en torno a los 11-12 años). Estos cambios, aunque no hay consenso entre los investigadores, parecen ser consecuencia de factores ambientales, de una mejor nutrición y de un aumento de las hormonas en los alimentos.
A causa de estos cambios, algunos autores ya consideran que existe una nueva etapa entre a adolescencia y la edad adulta: la adultez emergente.
Esta etapa se prolonga hasta los 29 años y se caracteriza porque el jóven no asume responsabilidades ni un estilo de vida adulto, es inestable y está centrado en sí mismo, prueba diversas facetas de la vida y, sobre todo, tiene la percepción subjetiva de que aún no es un adulto.
Sin embargo, la consecuencia más importante de los cambios fisiológicos que se producen en la pubertad es que estos cambios producen una apariencia externa adulta que provoca que las personas que rodean al adolescente cambien su forma de tratarlo. Le exigirán mayor madurez, más responsabilidad y esto influirá psicológicamente al adolescente que se verá obligado a responder a estas nuevas expectativas de su entorno.
Otro aspecto muy importante es cómo aceptan los adolescentes estos cambios externos físicos. En este sentido, chicos y chicas llevan ritmos diferentes. Normalmente, las chicas comienzan a desarrollarse antes y este desarrollo es, a veces, la causa de no sentirse bien consigo misma ya que aspectos como el crecimiento de pecho y caderas y el aumento de grasa corporal no encaja con el ideal de belleza femenina basado en la delgadez que existe en la sociedad actual. Además, las chicas se sienten más presionadas y juzgadas según su aspecto que los chicos por lo que es común que los trastornos alimenticios sean más frecuentes en ellas (aunque en los últimos tiempos el ideal de belleza masculina también se está volviendo más exigente y están aumentando este tipo de trastornos en ellos).
Y mientras todo esto sucede en su cuerpo… ¿Qué sienten los adolescentes?
El cúmulo de sentimientos contradictorios que se da es tal que explica la extraña conducta que se tiene en muchas ocasiones a esa edad.
Por un lado, notas que te estás haciendo mayor y quieres libertad e independencia. Necesitas encontrar tu estilo propio y experimentas con todo tipo de cosas: ropa, peinados, música… No aceptas que te digan lo que tienes que hacer. Ya eres mayor y ahí fuera hay un mundo entero esperando que lo descubras. Tú sí sabes cómo disfrutar y no los adultos siempre agobiados y preocupados, dejando que su vida pase sin aprovecharla. Piensas que a ti eso nunca te pasará.
Pero por otro lado... tienes miedo. Miedo a tomar decisiones que sabes que marcarán tu vida, miedo a salir solo a ese mundo extraño, miedo a perder la protección de tus padres, miedo a crecer.
Así que, mientras que por un lado estás encantada de poder ponerte ese vestido ajustado con tu nuevo cuerpo, por otro te examinas minuciosamente buscando el más mínimo fallo (un grano, un pelo rebelde, un “michelín” de más…). Si lo encuentras, tu confianza en ti misma se vendrá abajo. Si no lo encuentras, tu inseguridad hará que lo inventes.
Es una época en la que muchas cosas te pasan por primera vez. Todo se vive de forma intensa, lo bueno y lo malo. En tu cabeza se mezclan recuerdos, deseos, ilusiones, proyectos, decepciones, sueños por cumplir. A veces, es un caos en el que no sabes cuál es tu lugar en el mundo. ¿Eres un niño como muchos dicen? ¿Un adulto como te dicen otros?
Sientes que no eres ni lo uno ni lo otro. Puedes trabajar a partir de los 16 años, pero no votar. Puedes viajar con tus amigos, pero no conducir. Todo es ambiguo, cambiante. Lo que te gusta hoy, lo aborreces mañana. La ropa que te vale hoy, mañana ya no.
Es una etapa de formación, de transición y estas épocas son complejas y difíciles. A veces, para escapar de este desorden, se hacen tonterías, extravagancias… solo se busca un equilibrio. Solo se busca la propia personalidad. Tu lugar en el mundo.
Bibliografía.
García Allen, Jonathan. Psicología del desarrollo: principales teorías y autores. Psicología y mente.
García Madruga, Juan Antonio (2014). Psicología del Desarrollo I. Madrid. Uned Editorial.
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